La historia del tarot, del origen a hoy

Las cartas del tarot se usan desde muy antiguo para conocer el presente e intentar predecir el futuro de las personas; para ayudarles a aclarar sus incertidumbres y resolver sus problemas. Están cargadas de significados y simbolismos que sólo comprenden plenamente los iniciados. ¿Nunca te has preguntado dónde y cuándo comenzó la historia del tarot?

Consideramos que es muy interesante para cualquier usuario del tarot estar informado acerca de la historia de esta práctica cartomántica. Hoy en día hay tantas variantes y tradiciones distintas que es fácil perderse. Tampoco es sencillo distinguir entre el tarot serio que hunde sus raíces en el pasado y otro tarot sin base en la tradición.

Vaya por delante que no es fácil conocer la historia del tarot. Fue un arte proscrito durante mucho tiempo, oculto a los ojos de la mayoría. La tradición se diluye en el tiempo, y no hay registros fiables de los orígenes del tarot; sólo indicios dispersos y algunas pistas para entender de dónde procede.

Las barajas más antiguas que tenemos son las italianas del siglo XV

Sabemos a ciencia cierta que a finales de la Edad Media, en el siglo XV, se producían en el norte de Italia barajas del tarot. Prueba de ello es la famosa baraja Visconti-Sforza, en la que ya aparecen los elementos básicos de los mazos actuales. Lo que no sabemos con seguridad es si se usaban para fines adivinatorios.

En aquellos momentos proliferaron diferentes tipos de barajas. Un ejemplo es la baraja Minchiate, de 97 cartas, en la que los arcanos mayores incluyen los signos del zodiaco, las cuatro virtudes teologales y los cuatro elementos. Es probable que todos estos mazos de cartas se usasen tanto para juegos corrientes como para adivinar el futuro.

En el siglo XVIII se fijan las barajas digamos definitivas que encontramos hoy en día. Destaca entre todas ellas el llamado Tarot de Marsella, por haber sido impreso por primera vez en la ciudad francesa. También de esa época datan otras con menos trayectoria o inventadas en este momento. Es el caso del Tarot de Besançon o la llamada Petit Lenormand, con apenas 36 naipes.

El tarot de Marsella cuenta con las 78 cartas de rigor: 22 arcanos mayores y 56 menores (cuatro palos de diez naipes con cuatro figuras cada uno). Algunos maestros tarotistas y autores esotéricos destacados han ido completando esta baraja con los años, añadiendo o matizando elementos para enriquecer la lectura de las cartas.

Los orígenes del tarot podrían estar en Egipto

Pero, dejando las barajas aparte, ¿qué hay de los orígenes del tarot como práctica adivinatoria? Fueron los tarotistas del siglo XVIII los que reivindicaron los fundamentos egipcios del tarot. Gébelin nos habla de 78 tablillas de oro concedidas al hombre por el dios Thot (el Hermes egipcio) y hundidas en el Nilo durante siglos. El tarot egipcio sería su heredero directo.

Hoy en día se considera que este pasado egipcio es improbable o al menos muy indirecto. No hay ninguna prueba que nos permita afirmar una continuidad real entre el antiguo Egipto y el tarot egipcio actual. La simbología egipcia incluida en algunas variedades del tarot fue añadida en los últimos doscientos años por especialistas familiarizados con el esoterismo egipcio.

El tarot entroncaría, más bien, con prácticas esotéricas medievales relacionadas con la cabalística, la astrología y la alquimia. Para algunos autores pudo llegar de Oriente a través de la Ruta de la Seda en los equipajes de mercaderes italianos como Marco Polo; para otros, vino de la mano de los zíngaros y los gitanos que llegaron a Europa en el siglo XIV.

La historia del tarot compendia la sabiduría esotérica occidental

Hermetismo egipcio, conocimiento oriental, adivinación medieval… El caso es que, con el paso de los años y los siglos, el tarot se ha convertido en un compendio de la sabiduría esotérica de Occidente. En el diseño de cada carta, acompañando la imagen principal, aparecen números, colores, letras hebreas y signos astrológicos.

Todas las cartas del tarot están cargadas de diferentes niveles de lectura en cuanto a su significado e interpretación. Estos se le han ido añadiendo progresivamente para enriquecer y facilitar su faceta adivinatoria a lo largo de los últimos dos siglos. Así, los mazos de Etteilla, Rider-Smith-Waite o Crowley incorporan a los elementos tradicionales, tanto cristianos como paganos, otros procedentes de la mística, la numerología o la cábala.

Hasta aquí llega este viaje apasionante a lo largo de la historia del tarot. Apenas hemos dado unas cuantas pinceladas, pero esperamos haber despertado su interés por los orígenes de la cartomancia. Así somos más conscientes al hacer una consulta al tarot de la larga tradición adivinatoria de la que estamos formando parte.